Ansiedad escénica
Algo de nervios antes de salir es normal y hasta útil. El problema empieza cuando esa ansiedad te desborda, te bloquea la voz o el cuerpo, o te plantea no presentarte.
Lo que trabajamos en consulta
Los artistas no van a terapia con “dolores” genéricos. Estas son las áreas que aparecen una y otra vez en consulta. Tocan el escenario, la creatividad, la carrera, la identidad y el bienestar. Pincha la que te suene.
Si no encuentras lo tuyo, también podemos hablarlo. Reserva una primera reunión sin coste y vemos.
Lo que pasa antes, durante y después de salir a hacer tu trabajo.
Algo de nervios antes de salir es normal y hasta útil. El problema empieza cuando esa ansiedad te desborda, te bloquea la voz o el cuerpo, o te plantea no presentarte.
El cuerpo no responde justo cuando hay que salir. Te bloqueas. Se te olvida lo que en casa te salía. Y la próxima vez vas con el miedo a que vuelva a pasar.
Has elegido una profesión en la que las críticas y los rechazos son parte estructural. No vamos a hacer que dejen de doler. Vamos a hacer que dejen de desmotivarte.
El perfeccionismo parece exigencia profesional, hasta que empieza a quitarte oportunidades. No entregas el selftape porque no está perfecto. No subes el videobook porque no es suficiente. No te unes a una jam porque no estás preparada del todo.
Empezar, sostener y terminar lo que creas — sin que el perfeccionismo te coma.
Sientes que has perdido la capacidad de generar ideas nuevas. Empiezas mil cosas y no terminas ninguna. Y al final del día lo echas todo por tierra porque “no vale”.
Tienes un cajón lleno de ideas: cortos, obras, coreografías, canciones, guiones. Y todo se queda en la idea. Empiezas con ilusión y se cae antes del cierre.
Ya hiciste el trabajo. Tienes un buen videobook, una demo, un dossier, un guion. Pero no das el siguiente paso: el de mostrarlo a quien puede contratarte, programarte o comprar entrada.
Exigirte puede ayudarte a sostener una carrera larga. El problema aparece cuando esa exigencia se convierte en una voz dañina: dura, insultante, agotadora. Te empuja, sí, pero lo hace desde el dolor.
Vivir de esto: la incertidumbre, la comparación, la exigencia y el reconocimiento.
La incertidumbre es estructural en este oficio. En consulta no puedo cambiar la industria. Pero sí podemos cambiar cómo te relacionas con ella.
Compararse es humano. Lo malo no es la comparación: es con quién, cómo y cuándo. Cuando se vuelve constante y siempre sales perdiendo, te roba energía y rumbo.
Hiciste una coreografía brillante, un concierto sólido o una escena viva, pero hubo un fallo. Y desde entonces tu atención vuelve una y otra vez a ese momento, como si el error definiera todo lo demás.
Quién eres como artista y como persona, y cómo te plantas frente al juicio externo.
Los artistas aprenden a convivir con los “no”. ¿Y cuando llega un “sí”? Muchas veces aparece el miedo silencioso a que descubran que “en realidad no vales tanto”, que esos méritos no son tuyos, que se han equivocado al elegirte.
Muchos procesos terapéuticos empiezan con esta pregunta. ¿Quién soy como artista? ¿Quién soy como persona? ¿Y cómo conviven esas dos?
“No soy suficiente”, “no tengo talento suficiente”, “no tengo los contactos suficientes”, “no soy lo suficientemente guapo, divertido, simpático, sociable…”. Frases que se te pasan por la cabeza y acaban controlando tus emociones y tus decisiones.
La vergüenza es una emoción muy fuerte. Y da una instrucción muy clara: escóndete. Justo lo contrario de lo que tu oficio necesita. Si te escondes continuamente, no puedes trabajar de lo tuyo.
Sostener la profesión sin quemarte por dentro.
Por sensibilidad, por miedo a perder oportunidades, o por la convicción de que “total, estoy haciendo lo que me gusta”, dices que sí cuando querías decir que no. Y la cuenta llega: agotamiento, resentimiento, contratos malos.
Quizás estás en un pico de trabajo y no te permites parar porque no sabes cuánto va a durar. O llevas años empujando y el cuerpo ya no da más. El burnout artístico no es vagancia: es agotamiento real.
Te cuesta empezar. Te cuesta sostener. Te cuesta ilusionarte como antes. A veces ubicamos la motivación en lugares equivocados — en los aplausos, los premios, los proyectos en marcha — y por eso desaparece cuando esos lugares fallan.
A veces sientes ansiedad en tu día a día y no sabes muy bien por qué. Una sensación general de inquietud, de “estar siempre en marcha”. No siempre hace falta tenerlo todo claro para empezar terapia.
La primera reunión es online, sin coste y sin compromiso. Me cuentas qué te pasa, vemos si tiene sentido empezar, y decides tú.